Rescate andino: vivencias del Lonquimay profundo

Uno de los elementos que dan forma a la identidad cultural de Lonquimay es la crianza de cabras. Incluso, desde hace unos cuantos años, se realiza la fiesta del asado de chivo en febrero, ocasión en la cual visitantes y lugareños pueden disfrutar de un plato exquisito que se encuentra en pocos lugares tal como se da en Lonquimay.

Pero que esto ocurra depende del trabajo de los crianceros de chivos, quienes deben lidiar seriamente con el clima y la geografía del lugar para salir a la montaña a buscar animales perdidos bajo el caluroso sol de enero o en el nevado y frio invierno. Y esto ocurre en las montañas que bordean el valle de Lonquimay, cerros cercanos y visibles claramente desde el pueblo, cuyos habitantes desconocen lo cotidiano y difícil que es, por ejemplo, tener que abrirse camino en la nieve para alimentar el ganado o buscar algún animal perdido, pues en el campo es costumbre y necesidad hacer las cosas independiente del clima: llueva, truene o con 1 metro de nieve.

El invierno de 2011, fue uno de los más duros de los últimos años en Lonquimay por la cantidad de nieve caída en pocos días. Este fenómeno ha recibido el particular nombre de terremoto blanco señalando así los efectos devastadores que conlleva en el lugar y para la gente, sobre todo en los ganaderos, por la falta de alimento y las bajas temperaturas que afectan a sus animales durante varios meses a partir de junio.

Las siguientes fotografías muestran el recate de chivas en el cerro Colorado durante el terremoto blanco de 2011. Este testimonio fotográfico corresponde a Luciano Muñoz Nahuelpi quien tuvo la oportunidad de participar de esta aventura en la nieve y poder entregarnos estas bellas imágenes.

Rescate andino

(por Luciano Muñoz Nahuelpi)

rescate andino 65Soy un amante de la montaña. Por eso, aunque no soy de Lonquimay, debo decir que este lugar es un paraiso ya que puedo ver los más hermosos paisajes, especialmente cuando está nevado. Sin embargo, en julio de 2011 tuve una experiencia inolvidable pues por primera vez en mi vida me encontré con el llamado terremoto blanco. Entonces fui conciente de la dura realidad para los habitantes de Lonquimay, que sufren las consecuencias de las bajas temperaturas, la desconectividad vial, la falta de alimento, la muerte de algunos de sus animales y en algunas ocasiones la caida de los techos de sus casas por el peso de la nieve acumulada.

En esa ocasión participé del rescate de cabras en el cerro Colorado. Por primera vez en mi vida vi animales muertos por hipotermia, cadáveres hundidos en la nieve. Los vi comerse las cáscaras de los árboles… imagino lo triste que debe ser para la gente ver sus animales en estas condiciones y por eso es comprensible el trabajo que se dan de salir en su búsqueda en la montaña nevada. Fue un trekking intenso de unas 7 horas en que pudimos traer de regreso unas cien cabras que habían sido sorprendidas por la nieve en la cima del cerro. Estas son las imágenes que dan cuenta de ello:

 

Para una mejor resolución recomendamos clickear cada imagen a continuación y verla a tamaño completo:

 

Es un intenso trekking pero con muchas ganas de rescatar estos animalitos que ya llevan varios dias atrapados en la montaña soportando temperaturas extremas y sin alimento.
Durante el trayecto nos encontramos con algunas cabras muertas por los intensos frios.
Se puede dimensionar la cantidad de nieve caída: un cerco de aproximadamente 1.80 metros de alto se encuentra completamente bajo la nieve dejando ver a penas la punta de una estaca.
Cuando nos quedan unos pocos metros para salir del bosque, podemos ver el ganado que se refugia en unas piedras. Pero lo que parece cercano aun está lejos y la subida es muy pronunciada
Si no fuera por el equipo apropiado no podríamos subir, ya que en este lugar hay más de 2 metros de nieve y sin las raquetas de nieve nos hundiríamos.
El regreso es lo más difícil. Las cabras deben seguir la huella que hicimos por donde subimos y eso es lo mas complicado.
Como testigo de la aventura el río Lonquimay serpenteando el valle cubierto de nieve.
Por suerte el sol nos acompañaba también en el rescate, algo muy importante, ya que la montaña es peligrosa y en un dia nublado o con chubascos de nieve puede ser fatal.
En el bosque las cosas se complicaban un poco, algunas cabras rodaban cerro abajo como bolas de nieve y había que acudir a su rescate y moler con los bastones el hielo .
Después de casi 7 horas de dura travesía llegamos a casa.
Los animales también cansados cargan además con la nieve que se les pega en el pelaje como bolitas de nieve.
Ya en el corral con la misión cumplida y con la satisfacción de ayudar y de disfrutar la montaña. Toda una aventura que me permitió conocer cómo enfrentan estas situaciones las personas que viven en Lonquimay.

 Fotografía: Luciano Muñoz Nahuelpi
Edición: Patrick Medina Quilodrán

 

Anuncios